Ensayo. Identidad: aporía de dos o más mundos

 

Por: Centro Literario Istak Axolotl 



En la memoria de la humanidad existe un aspecto en constante cambio el cual ha sido sometido a un sin números de configuraciones adaptadas a cada momento en el que fue necesario evocar. Este aspecto es el significado del ser interno, respecto a uno mismo y, externo en relación con los demás. La experiencia interna y externa del ser es fundamental para la perspectiva que habrá de definir las funciones de nosotros con la realidad. Somos dueños de los elementos imaginarios sin tomar en cuenta que tratamos de conseguirlos formando parte de ellos, pero la Historia nos dice que no es suficiente y como especie siempre buscamos una justificación en retrospectiva más alejada de lo que originalmente nos preguntamos. 

    Las herramientas utilizadas por los hombres para alejar sus respuestas son las producciones subjetivas que requieren de un acercamiento a lo interno evocado desde un producto exterior. Libros, pinturas o música son rastro de la memoria los cuales se esperan duren una vida larga, incluso mayor a la de sus creadores, pero también son puertas que inician un viaje a través de su interpretación hasta los límites de la realidad a la cual pertenecen.

    A partir de ellas nacen las derivaciones que afectan a nuestra primera realidad, la realidad objetiva en la que despertamos. Estas realidades subalternas o realidades subjetivas dotan de sentido enigmáticos y están tan cercanas a nuestro mundo que son casi imperceptibles desde nuestra perspectiva, pues son creaciones las cuales nacen, se expanden y crecen como una nueva concepción, la cual no deja de ser una extensión de lo objetivo y por lo tanto interna y artificial.

    En el primer libro Luces del norte, de la saga de La Materia oscura publicado en 1997 el autor Philip Pulman crea una obra que funciona como lo hace su propio Aletiómetro, símbolo desarrollado dentro de la ficción de este libro. Al portarlo podemos ser guiados por una serie de acontecimientos en los cuales se desarrollan distintos niveles de veracidad. Y a través de su correcto manejo podemos llegar a la bifurcación entre nuestro mundo y el de la protagonista.

Ninguno de los dos habría sabido decirlo. Lyra dedicó mucho tiempo a hacer girar las manecillas para señalar un símbolo u otro —el ángel, el casco, el delfín, el globo, el laúd, las brújulas, el cirio, el rayo, el caballo—, vigilando la larga aguja mientras oscilaba en su trayectoria constantemente errante y, a pesar de que todo aquello no le decía nada, se sentía intrigada y encantada a causa de la complejidad y del detalle. (Philip Pulman, Luces del norte, 2002 p. 39.)

La brújula dorada no es la única parte del libro que puede ser interpretada desde la ficción de la novela a la realidad del lector, pues entre cada capítulo se deja ver que aquel mundo no es muy distinto al nuestro, y si ellos pueden ser capaces de navegar por su realidad en busca de una explicación sobre la naturaleza misma de lo desconocido y su identidad, quiere decir que también nosotros podemos hacer algo muy parecido.

    Otro ejemplo clave para buscar nosotros mismos esa nueva realidad, es el Daimonion. En la Antigua Grecia un daemon, palabra utilizada en la versión original, es manejado para referirse a diferentes realidades dentro de un humano que interactúan con él. Sócrates decía que se dejaba orientar por uno, lo llamaba como una voz profética la cual provenía de un poder superior.

    Esa voz emana de la interioridad, y según el mismo Sócrates, advierte sobre las malas decisiones, aunque nunca interfiere en la toma de ellas. Esta idea surge a través de la trasmutación del alma de un hombre con relación a algo que le pertenece. Como un eje de identidad acompañado de un toque místico el cual opera sobre el ser en sí mismo y los demás. Esta idea es un enlace entre un mundo y otro, entre el objetivo y el que nace por la lectura. Este enlace en común es de suma importancia porque envuelve el sentimiento de pertenencia y desarrolla una identidad, ya sea como una conciencia exteriorizada o una representación del alma del humano quien lo posee.

    Los Daimonion están conectados a su humano, la mayoría del tiempo se mimetizan desde sus emociones hasta la apariencia. Son ensamblajes específicos que condicionan la individualización como un proceso extra a la identidad. De esa manera se resalta los rasgos irrepetibles dotando de una identificación con un externo en pro del mismo reconocimiento de uno mismo entre experiencias y virtudes indivisibles sin cambio o alteración[1]

    Para Paul Ricoeur en sí mismo como otro la individualización puede caracterizarse como el proceso inverso de la clasificación, el cual elimina las singularidades en favor del concepto. La función que se le adjudica al lenguaje en el estudio La persona y la referencia identificante, en la novela de Philip Pulman es vital para la construcción de los Daimonion y su interpretación con el resto de seres en la historia, debido a que el mismo Ricoeur más tarde nos dice que la prioridad reconocida en un cuerpo es de mayor importancia para la noción de persona. 

    Estos seres son, lo que Paul Ricoeur llama, caracteres de conjunto de signos distintivos los cuales permiten ubicar a un individuo siendo el mismo por los rasgos descriptivos cuantitativos y cualitativos sobre la propia identidad del ser como una huella presente en la continuidad ininterrumpida del tiempo. Como una memoria colectiva enfocada en cada humano independiente de forma emblemática hacia la mismidad.

    La cuestión de permanencia en el tiempo se vincula a la identidad personal debido a que anhelamos ser eternos y reconocidos por una articulación conceptual especifica de nuestra mismidad. Sólo hay una manera posible de lograrlo en la realidad objetiva. De la misma manera que los humanos son reconocidos por su Daimonion nosotros podemos serlo por lo que lleguemos a producir. Llevando así nuestra identidad al exterior, como lo es el alma exteriorizada en representación de un animal en la novela.

    A veces ese elemento tan simple y familiar no es fácil de conseguir, primero debemos reconocernos para que los demás puedan reconocer lo que somos. Es un proceso de localización de identidad de conjunto el cual necesitamos para situar nuestra presencia no sólo en el tiempo futuro sino en nuestro momento actual. Una vez localizado ese punto podemos partir hacia la interpretación de uno o más mundos.

    El problema radica en no considerar la visión de otros seres, y sólo es posible tomarla en cuenta desde lo subjetivo, es muy importante hacerlo porque al preguntarnos como nos verían otras criaturas realmente nos estamos viendo desde un lado ajeno de donde es más sencillo ver nuestras limitaciones, fallas y debilidades.

    En el segundo libro, La daga, se puntualiza en las criaturas más cercanas y a la vez diferentes a los personajes principales, las brujas. Ellas tienen un mundo propio dentro del mundo subjetivo planteado en la primera entrega. Sin embargo, ese mundo tiene ciertas similitudes con el primero. Y la diferencia más notable es, y volvemos a la misma idea, la permanecía traducida en tiempo y durabilidad de su vida.

  Ellas tienen una escala de vida más amplia, lo que es el principal detonante para hacer una configuración diferente en cuanto a la identidad de los seres humanos y su posición en la importancia de las cosas que rodean al universo. A los 100 años para una bruja es muy apenas el inicio de su juventud, entonces los adultos humanos son para ellas lo que los niños para los hombres de experiencia, alegando el mismo argumento de su falta de conocimiento sobre muchas e importantes reglas de la existencia.

    En nuestro mundo existe una escala parecida, la cual explica cómo funciona a diferentes niveles la realidad. La escala de Planck es la distancia por debajo de la cual se espera que el espacio deje de tener geometría clásica debido a la aparición de contantes como la gravedad cuántica. La longitud de Planck forma parte del sistema de unidades naturales y se calcula las constantes de la velocidad de la luz, la contante de Planck y la gravedad.

    Un ejemplo sería la concepción del mundo correspondiente a diferentes medidas de permanencia en el tiempo, la vida de una mosca son dos días para nosotros, por lo tanto, su realidad y su metabolismo son más rápidos, pero si comparamos la durabilidad de un planeta, con nuestros 70-75 años de vida, serían dos minutos para él.

    Así, para la vida de una bruja la existencia de un humano es tan insignificante como lo es para nosotros la de una mosca, y cada ser tendría su propio entendimiento acerca de la función del exterior con su identidad, es probable que cada universo tenga sus variantes en la velocidad que recorre la luz, la constante más pequeña de Planck y los efectos magnéticos de la gravedad. Precisamente son esos los elementos los cuales dependen de la cantidad de materia oscura dentro de un sistema donde se desarrolla la vida y la existencia de quienes lo interpretamos.  

     La materia oscura es el nombre designado a todo aquello que no podemos ver ni detectar, pero que es evidente a través de su atracción gravitatoria sobre la materia en todas partes del universo. Las galaxias, estrellas y planetas están rodeados de ella lo que provoca cambios en sus movimientos y acumulaciones. Su origen es desconocido, las partículas más elementales no se ajustan a ella y esto da oportunidad de considerar a explicaciones de partículas súper simétricas y algunas fuera de nuestra dimensión.

    En la tercera novela, El catalejo lacado, Philip Pulman nos plantea su idea de la materia oscura con el Polvo presente desde el primer capítulo de la primera entrega. Él la relaciona dentro de su historia como estrellas de todas las galaxias movidas por el azar y cuyo movimiento formaba parte de todo lo que es consciente de él, desde una autoridad divina hasta los hombres y sus Daimonion. Todo surge de él y sólo cuando la materia es consciente de sí misma y desea conocer más sobre sí puede formar el Polvo como un circulo perfecto de principio a fin. El Polvo o materia oscura es un elemento más de identidad para los hombres, Daimonion y brujas que habitan una u otra realidad, pues también es una conexión entre un mundo y otro, como pieza angular entre todo lo que existe y se piensa. Canaliza la individualidad de cada ser al mismo tiempo que lo une en una entidad general de realidades objetivas y subjetivas.

El Polvo cobraba vida cuando los seres vivos tomaban conciencia de sí mismos; pero necesitaba algo que lo alimentara, que lo reforzara y lo hiciera invulnerable, al igual que los mulefa disponían de sus ruedas y del aceite de los árboles. Sin ello, todo desaparecería. El pensamiento, la imaginación, el sentimiento... Todo se desvanecería dejando sólo un salvaje automatismo; y esa breve época en que la vida había sido consciente de sí misma se apagaría como una vela en los millones de mundos donde había ardido con vigor. (Philip Pulman, El catalejo lacado, s.f, p. 216.)

Así analógicamente con los rasgos de la novela, podemos resaltar la identidad del hombre como una incógnita permanente dentro de la memoria de la especie y su interacción con el mundo, pasando del sí mismo como un proceso vital para incrustarnos en la mismidad, todo a partir de los mundos subjetivos creados desde la realidad objetiva como referentes de nuestro paso por ella.  

    La brújula dorada, la daga y el catalejo lacado son extensiones de nuestra habilidad innata de la imaginación con la cual solemos interpretar aquello que nos enfrenta todos los días. Las tres herramientas simbolizan el proceso mental en una visión tripartita de la interacción del hombre consigo mismo como el punto medio hacia la realidad. Según Paul Ricoeur lo que sería nuestra involuntaria narratividad, en la novela estaría divida por el proceso de la lectura de la veracidad, la apertura a ventanas (posibilidades) de otros mundos con nuevas explicaciones y la cosmovisión enfocada en un punto específico de esa nueva mismidad[2].

    La trilogía de Philip Pulman es el desglose de la prescripción, la descripción y la adscripción de Paul Ricoeur en la presencia humana y de su identidad histórica-natural. La prescripción es la relación entre humano y Daimonion, después la descripción es la misma prescripción vista desde todas las criaturas pertenecientes a este y otros mundos subjetivos para finalizar con la adscripción de todo lo planteado con el Polvo, abriendo así nuevos mundos e infinitas posibilidades[3]

    Al final, tenemos la posibilidad de plasmar nuestra primera realidad en nuevas realidades, como si nuestra imaginación fuese el polvo y los mundos son interpretaciones del primer “ángel creador”, que parten y vuelven al mismo lugar. Sin embargo, mientras más mundos tenemos adelante más olvidamos lo que dejamos atrás. Tal vez no es suficiente las respuestas objetivas para entender completamente nuestra identidad en donde surgimos como personajes ya creados, pero no quiere decir que no tengamos una identidad en algo lo cual nosotros no establecimos. Creemos en lo que somos a partir de lo que desconocemos. Nuestra identidad como especie es y será siempre el inconstante temor a lo incomprensible, lo asimétrico e inconstante. Como un punto en el abismo el cual es especial por ser parte de ese vacío. Somos lo que creamos a partir de lo que tememos conocer.

  

Bibliografía

Ø  Alvi. (27 de junio del 2016). La escala de Planck. 24/05/2019, de microuniversos sitio web:https://www.microsiervos.com/archivo/ciencia/escala-de-planck.html 

Ø  Baudrillard, Jean, El crimen perfecto, Barcelona, Editorial Anagrama S.A, 1996.

Ø  Pulman Philip, La materia oscura. Luces del norte, Edición Digital Pincho, 2002.

Ø  Pulman Philip, La materia oscura. La daga, Edición Digital Pincho. s.f.

Ø  Pulman Philip, La materia oscura. El catalejo lacado, Edición Digital http://biblioteca.2g.com, s.f.

Ø  Ricoeur Paul, Sí mismo como otro, México, Siglo xxi, 2006.

Ø  Sergio A. Cellone. (s.f). Materia Oscura: ¿un responsable en hechos de gravedad?  24/05/2019, de Observatorio Astronómico de la Plata sitio web:http://fcaglp.fcaglp.unlp.edu.ar/~scellone/SAC/Divul/MatOsc/MatOsc.html.

 



[1] Paul Ricoeur, Sí mismo como otro. Quinto estudio La identidad personal y la identidad narrativa.

[2] Paul Ricoeur, Si mismo como otro. Decimo estudio ¿Hacia qué ontología?

[3] Paul Ricoeur, Sí mismo como otro. Decimo estudio ¿Hacia qué ontología?

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