Cuento. Atrapado

 Por: Juan Martínez Reyes


Todo era oscuridad cuando desperté. Tenía vendados los ojos y las manos atadas. El miedo recorría mi cuerpo como una sierpe. Lo único que recordaba fue que alguien me golpeó cuando iba a la universidad. Escuché las voces de mis captores. Ya vamos a llegar, jefe, dijo uno de ellos. ¿Quiénes serán? ¿A dónde me llevarán? ¿Querrán matarme? Miles de ideas rondaban por mi cabeza.

Escuché el motor como el rugido de un león hambriento. El automóvil iba a toda velocidad.

– ¿A dónde me llevan? ¿Por qué me hacen esto? –inquirí desesperado.

    ¡Cállate, huevón! –replicó una voz.

 

Entonces preferí callar. Era lo mejor en estos casos. Probablemente más tarde llamarían a mis familiares para pedirle dinero por mi rescate. Seguro me matarán, si no les dan el dinero. Estoy seguro que mi familia hará lo que sea con tal de salvarme.

 

No sé cuánto tiempo transcurrió. La angustia me abrazaba el corazón. Mis captores todavía no se comunicaban con mis padres. Qué extraño, pensé. ¿Y si son terroristas? ¿O tal vez son policías y piensan que soy un terruco? Hay varios terroristas infiltrados en las universidades para reclutar gente.

    ¡No soy terruco! –grité desesperado. – ¡No me hagan nada, por favor!

    ¡Cállate, carajo! –replicó uno de ellos. – A la próxima te rompemos la boca.

 

Volví a quedarme en silencio. Cavilé un momento. Los habrá enviado Alicia, aquella ex enamorada que juró vengarse de mí hace un par de meses. ¿Ella sería capaz de hacerme esto? Una mujer despechada es capaz de todo, pensé. Claro, ella debió de tramar esto. Recuerdo que me dijo que me haría arrepentir del daño que le hice. Creo que acostarme con su hermana fue demasiado para ella, pero no pude evitar rendirme a sus encantos. 

 

El silencio vuelve a reinar en el vehículo. Seguro me matarán. El miedo vuelve a aferrarse con más fuerza a mi cuerpo. Mis meditaciones se quiebran con la voz de mis secuestradores.

 

– Ya llegamos.

 

En ese momento me bajaron y me sacaron las vendas. Con el terror en los ojos, esperé lo peor. Un arma apuntándome en la sien. Y la voz áspera de mis captores, diciéndome: “Vas a morir, desgraciado”. El sonido de los disparos atravesando mi cuerpo y cayendo rudamente en el suelo. Mi sangre chorreando por la tierra como un río violento. Más tarde llegaría la policía, cuando todo estaría consumado. Después, mis padres desesperados llorando sobre mi cadáver. Mi nombre en las primeras planas de los periódicos.

 

    Tarea cumplida, jefe – expresó uno de mis captores.

    Buen trabajo, muchachos –dijo secamente una voz.

 

Aún con el horror invadiéndome el cuerpo, abrí los ojos. Un extraño hombre me miraba con odio.

 

    Tu papá mató a mi hermano, infeliz –me dijo lleno de cólera, apuntándome con su revólver.  

    ¿Qué? ¿Quién eres tú? –repliqué confundido.

    Soy Rony, el líder de los Patecos – replicó. Vas a morir y pagarás por lo que hizo tu padre.

Al escuchar ese nombre lo recordé todo. Mi papá, el capitán Arteaga, hace unas semanas, acabó con el hermano del líder de los Patecos. No podía creerlo. Sentí un nudo apretando mi garganta y me quedé en silencio. Sabía que él no tendría piedad. Escuché los disparos como un fugaz estruendo, y todo comenzó desvanecerse. La venganza estaba consumada.

 


Juan Martínez Reyes (Chimbote – Perú). Licenciado en Lengua y Literatura (Universidad Nacional del Santa). Integra el Grupo Literario “Isla Blanca”. Publicó su plaqueta de microrrelatos “Juego Final” (Venezuela – 2021). Ha publicado en diversas revistas literarias nacionales e internacionales. Finalista en el II Concurso de Microrrelatos Bibliotecuento, organizado por la Casa de la Literatura Peruana (2017).

Correo electrónico: Yorchi_23@hotmail.com

 

 

 

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